Cómo detectar cambios de ánimo en una persona mayor.

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A veces pensamos que una persona mayor está más triste, más callada o más irritable simplemente porque “se está haciendo mayor”. Pero los cambios de ánimo no deberían atribuirse automáticamente a la edad.

Una persona puede atravesar momentos de tristeza, preocupación, apatía o irritabilidad por diferentes motivos: la pérdida de una persona cercana, problemas de salud, cambios en su autonomía, soledad, dificultades económicas, conflictos familiares o simplemente porque su vida cotidiana ha cambiado.

Por eso, aprender a detectar estos cambios puede ayudarnos a intervenir antes de que el malestar se haga más intenso.

¿Qué señales podemos observar?

No existe una única forma de expresar que algo no va bien. Algunas personas hablan de lo que sienten; otras, en cambio, lo manifiestan mediante cambios en su comportamiento.

Estas son algunas señales a las que conviene prestar atención:

1. Está más triste o apagada de lo habitual

Si una persona que normalmente participa en las conversaciones, hace bromas o disfruta de determinadas actividades comienza a mostrarse continuamente seria, triste o desanimada, merece nuestra atención.

2. Pierde interés por aquello que antes disfrutaba

Deja de salir a pasear, visitar a familiares, acudir a actividades, ver sus programas favoritos o realizar alguna afición que antes le resultaba agradable.

No se trata de que un día no tenga ganas. Lo importante es observar si existe un cambio mantenido en el tiempo.

3. Se muestra más irritable

El malestar emocional no siempre aparece en forma de tristeza. En ocasiones puede manifestarse mediante enfados frecuentes, impaciencia, discusiones o una mayor sensibilidad ante situaciones cotidianas.

4. Se aísla

Empieza a rechazar invitaciones, quiere permanecer sola o deja de mantener contacto con personas con las que antes se relacionaba habitualmente.

La soledad puede convertirse en un círculo difícil de romper: cuanto menos contacto social existe, menos ganas puede tener la persona de relacionarse.

5. Cambia sus rutinas

Dormir mucho más o mucho menos, perder el apetito, comer de manera diferente, descuidar la higiene personal o abandonar actividades habituales pueden ser señales de que existe algún problema que conviene explorar.

6. Expresa sentimientos de inutilidad o desesperanza

Frases como “ya no sirvo para nada”, “soy una carga”, “para qué voy a hacer nada” o “ya no merece la pena” no deberían ignorarse.

No significa necesariamente que exista una depresión, pero sí que hay un malestar que merece ser escuchado y valorado.

Lo importante no es solo lo que dice, sino lo que ha cambiado

Una de las mejores herramientas para detectar cambios de ánimo es conocer a la persona.

Si alguien siempre ha sido reservado, que esté callado no necesariamente indica un problema. Pero si una persona habitualmente sociable deja de hablar y de participar, estamos ante un cambio que merece nuestra atención.

Por eso podemos preguntarnos:

¿Cómo era esta persona hace unas semanas o unos meses? ¿Qué ha cambiado?

Observar la evolución puede ser mucho más útil que fijarnos únicamente en un comportamiento aislado.

¿Qué podemos hacer?

Lo primero es acercarnos sin juzgar.

En lugar de preguntar repetidamente “¿qué te pasa?”, podemos utilizar preguntas más abiertas:

  • “Te noto diferente estos días, ¿cómo estás?”
  • “¿Hay algo que te preocupa?”
  • “¿Te apetece que salgamos a dar una vuelta?”
  • “¿Hay algo en lo que podamos ayudarte?”

Y, sobre todo, escuchar.

No siempre necesitamos solucionar inmediatamente aquello que nos cuenta. Muchas veces, que la persona sienta que alguien está dispuesto a escucharla ya supone un primer paso importante.

También es recomendable mantener, en la medida de lo posible, rutinas, actividad física adaptada, contacto social y actividades significativas. Sentirse útil, acompañado y partícipe de las decisiones sobre su propia vida es fundamental para el bienestar emocional.

¿Cuándo debemos pedir ayuda?

Si los cambios son intensos, persisten durante semanas, afectan a la vida cotidiana o aparecen junto con problemas importantes de sueño, alimentación, aislamiento, confusión o pérdida de autonomía, es conveniente consultar con un profesional sanitario o de atención social.

Y hay una señal que debemos tomar especialmente en serio: si la persona expresa que no quiere vivir, que quiere desaparecer o que la vida ya no tiene sentido. En ese caso no debemos minimizar sus palabras ni dejarla sola ante una situación de riesgo; es importante buscar ayuda profesional de manera inmediata.

Cuidar también significa observar

Cuidar a una persona mayor no consiste únicamente en asegurarnos de que toma su medicación, come correctamente o tiene la casa en buenas condiciones.

También significa preguntarnos:

¿Cómo se siente? ¿Qué le preocupa? ¿Qué ha cambiado en su vida? ¿Qué necesita?

Porque detrás de un cambio de comportamiento puede haber una pérdida, una preocupación, una enfermedad, soledad o simplemente una necesidad que todavía no hemos detectado.

Prestar atención a los cambios de ánimo es otra forma de cuidar.